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Letras desnudas

Letras desnudas

NOS QUIEREN VER LA CARA DE TONTOS

Mario Caballero/Primera Edición. -

No existe peor cosa en la vida que el que te quieran ver la cara de tonto. El PRI dice sentirse traicionado por la corrupción de Javier Duarte, y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) ha tratado de desmentir la acusación del desvío de recursos federales en los estados para financiar las campañas electorales del PRI.

A estas alturas del tiempo, es más fácil creer en el billete de treinta pesos que en la inocencia del gobierno.

El Partido Revolucionario Institucional no puede ser víctima de sus militantes. Pero, de acuerdo con el cerco informativo, es con todo rigor el beneficiario principal de la red de corrupción que tejió con los gobernadores priistas a los que ahora exhibe como traidores a la patria.

De tal manera, el encarcelamiento reciente de Alejandro Gutiérrez, ex secretario general adjunto del PRI que fue señalado como el operador del desvío de dinero público, puede tratarse nada más de la punta del iceberg de la defraudación más grande en la historia del partido.

Tomando en cuenta que nada más el gobierno de Chihuahua de César Duarte desvió cientos de millones de pesos a través de empresas fantasma para después mandarlos al PRI nacional, no sólo estamos hablando de que el partido de Calles es más corrupto que antes, sino que ha mejorado los métodos del fraude.

Jaime Herrera Corral, ex secretario de Hacienda de César Duarte, declaró que Alejandro Gutiérrez no era el único ni el principal operador del esquema de desvío de recursos, sino que todos los movimientos se hicieron con el aval de la Secretaría de Hacienda, encabezada en su momento por Luis Videgaray Caso, además del entonces dirigente nacional del PRI Manlio Fabio Beltrones y los gobiernos priistas de César Duarte, Javier Duarte y Egidio Torre.

Según lo relatado por Herrera Corral, las cosas sucedieron más o menos así: Las operaciones fueron ejecutadas por el secretario de Educación estatal, Ricardo Yáñez, el director de Adquisiciones, Antonio Enrique Tarín García y por el director de Administración, Gerardo Villegas, quienes simularon compras por más de 250 millones de pesos que después triangularon para dirigirlos a las campañas del PRI en Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua.

El delito se descubrió cuando la Auditoría Superior de la Federación (ASF) encontró documentos con fechas erróneas. Ese indicio permitió investigar a la Secretaría de Educación chihuahuense que había realizado contratos simulados con empresas que fueron señaladas por el hijo de Alejandro Gutiérrez.

Asimismo, la ASF detectó fallos en las solicitudes de recursos a la SHCP, que según Herrera fueron con los que Alejandro Gutiérrez presionó para que se liberara el dinero.

Más claro: los priistas planearon que los 250 millones de pesos de recurso federal ingresaran primero a las arcas del estado para luego enviarlos al PRI, tratando de pasar desapercibidos por las auditorías federales. Mejor método, pero pésimos y descuidados operadores.

LA SONRISA DE JAVIDÚ

La primera vez que supimos que algo andaba mal con el gobierno de Javier Duarte, conocido como Javidú, fue en enero de 2012, cuando dos funcionarios de su administración fueron detenidos con 25 millones de pesos en efectivo en el aeropuerto de Toluca. Por tal motivo se abrió la averiguación previa PGR/MEX/TOL-VI/310A/2012. A pesar de ello, nada sucedió contra Duarte y el gobierno hasta tuvo que devolverle el dinero.

Al respecto, el ex presidente Felipe Calderón dijo: “la investigación que hicimos no había parado ahí, llegó hasta la cuenta de un banco en Xalapa, en la capital del estado, una cuenta del gobierno de Veracruz.

El gobierno, entonces panista, sabía de la corrupción de Duarte, pero nada hizo para detenerla. Al contrario, le devolvía el dinero.

Con el PRI en la Presidencia de la República los escándalos siguieron saliendo: era una fiesta en la que millones de pesos bailaban un suave vals ejecutado por el gobierno veracruzano. Por ejemplo: se conocía que Javidú dejaba de pagar los salarios de los empleados y que no transfería el dinero de los programas.

El presidente Enrique Peña Nieto visitó 23 veces a Javier Duarte durante los primeros cuatro años de su administración y nunca habló de los excesos, de la complicidad de todos, de las casas, de los departamentos, ranchos, camionetas y cuentas bancarias con cientos de millones de pesos que Duarte había logrado acumular como gobernador de Veracruz.

No fue sino hasta que Javidú perdió las elecciones estatales, que el gobierno de Peña Nieto dijo que éste era un ladrón de siete de suelas, y por eso decidió perseguirlo como un perro. Parece ser que el PRI perdona todo, corrupción, traiciones, inmoralidades, abusos de poder, pero jamás perder una elección. De ahí en adelante no se habló de otra cosa que, de la deuda, inseguridad, violencia y el caos que había dejado Duarte en Veracruz.

Pero hay algo que no cuadra en las imágenes de la detención de Javier Duarte, que lo muestran tranquilo y en varias ocasiones sonriendo. Y no como si estuviera resignado, sino como aquel que desde hace mucho tiempo sabía que su destino sería una celda, como aquel que entiende que el castigo sería necesario. Tal vez la sonrisa de Javidú no era de nerviosismo, sino se burlaba de nosotros.

¿DE QUÉ SE OFENDE MEADE?

Después de todo esto, ¿de verdad nadie en el PRI, ni en la SHCP, ni Peña Nieto sabían que en los estados gobernados por priistas estaban desviando dinero público para favorecer las campañas políticas del partido? Mentira.

El vocero de Hacienda, José Luis Ruiz, como para lavarle las manos al gobierno federal, dijo: “son las entidades federativas quienes deben acreditar ante los órganos de control y fiscalización el ejercicio,

destino y resultados de los recursos que les hayan sido transferidos”. Y añadió: “la SHCP no atiende situaciones electorales, ni está sujeta a partido u organización política alguna. La programación, presupuestación y ejecución del gasto público se realiza con estricto apego a las disposiciones constitucionales y legales”.

Falso. Conforme a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal, esa secretaría tiene el control del dinero y entre sus responsabilidades está calcular los ingresos y egresos de la federación y las entidades. De igual manera, realizar y autorizar todas las operaciones en que se haga uso del crédito público. Es así que sabe muy bien lo que hace cada estado con el dinero de los mexicanos.

Así que es obvio que la Secretaría de Hacienda sabía que César y Javier Duarte estaban robando recursos públicos para ellos y el PRI. Y si lo sabía Hacienda, también lo sabía el Presidente.

Ahora, ¿de qué se ofende el “candidato ciudadano” José Antonio Meade que en precampaña en el Puerto de Veracruz, dijo: “Nos duele profundamente que Javier Duarte nos haya traicionado con la corrupción, nos duele porque no nos define y no nos describe?”.

Para empezar él ni siquiera es priista, y para terminar es lógico que cuando él asumió la SHCP se enteró de la tracalería y de los métodos de la estafa, tanto así que hasta podemos suponer que pudo entregar información valiosa para que las autoridades judiciales iniciaran el proceso que terminó por encarcelar a Javier Duarte, de quien podemos sospechar que su detención es parte de un plan estratégico entre el gobierno federal y el PRI para ganar credibilidad y, de paso, vernos la cara de tontos.

Piénselo. Quizá por eso Javidú está tan sonriente y su esposa karime Macías y sus suegros no son tocados ni con el pétalo de una rosa. En cuanto a Meade, al declararse traicionado se agrega a sí mismo una mancha, pero no en su físico, sino en su moralidad. ¡Chao!

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